38- Huyendo de la policía (que nos persigue en un taxi) | PERÚ

La Vuelta al Mundo en 10 Años - @viajeros4x4x4

La posibilidad de que la furgo estuviera en una lista de vehículos buscados por huir al silbato de la autoridad en el Altiplano no me quitaba el sueño, pero cada vez que cruzábamos un control policial me sentía incómodo. Era algo así como viajar con una porra bajo el asiento.

Unos meses atrás cruzábamos la ciudad de Juliaca, capital del departamento de Puno. Avanzaba feliz esquivando cholitas cargadas con sacos enormes de colores y agujeros que conectaban con China en el pavimento. Tenía ganas de volver a la ruta, nos había detenido el desfile marcial de una escuela completa marchando al ritmo de unos cuantos instrumentos militares y varios atascos entre camiones, coches, mototaxis, peatones, semáforos, burros y vendedores ambulantes. Vamos, eso era un caos superior al habitual. Si tuviera que ponerle nota (era el desfile de una escuela) le hubiera puesto un diez, un sobresaliente en inmovilización pública.

Os podéis imaginar, cuando salimos de la encerrona esquivando las cholitas, los autobuses y los cráteres aceleré. Y no, no me percaté que en un cruce había un policía dirigiendo el tránsito con el poder de su mente. Como Uri Geller, el que doblaba las cucharitas de café, pero a lo bestia.

A ver, uno está acostumbrado a los semáforos o a los uniformados que interactúan con los vehículos levantando y bajando los brazos hasta perder la protección del desodorante. Este no, éste dirigía la circulación con los brazos caídos, cambiando sólo la posición del cuerpo. Esta es mi única disculpa.

Sería más fácil hacer un croquis, pero intentaré explicarlo: si avanzas con tu vehículo y encuentras un policía de pie en medio de la calzada de frente o de espaldas a ti, tienes que detenerte. Si está de lado, puedes avanzar. Juro que no lo vi. Tampoco lo atropellé, supongo que lo ignoré como a un Playmobil fuera de lugar.

Inmediatamente comenzó a perseguirnos el grito desesperado de un silbato insistente, quince segundos de interferencia con el bullicio habitual de las bocinas. Anna miró atrás buscando el motivo de tanto stress en una región calma, lenta y tranquila y se dio cuenta que, ese motivo, precisamente éramos nosotros.

 Creo que teníamos que detenernos en la esquina –me dice todavía dudando.

 No jodas.

 Pero no te preocupes, no pasa nada –continúa mientras sus cejas cambian de postura y se relajan. –El policía que quiere detenernos está a pie, no tiene coche. No le des bola, sigue, sigue.

O-Peruvian-police-at-the-city-of-Cusco

Es curioso, después de tantos años de aislamiento en la ruta llegamos a un acuerdo tácito: Anna usa palabras como pelotudo, che y quilombo y yo insisto en cabrón, y melocotón. Así es la vida.

Un kilómetro después observo por el espejo retrovisor que un taxi blanco avanza a toda velocidad adelantando sin piedad por el carril contrario. Otro loco con prisa. La ruta está llena de suicidas que buscan comprobar la existencia de la vida después de la muerte. Es algo que no deja de cabrearme después de siete años y medio de viaje, no me acostumbro. Cuando se pone junto a la Mitsu, a ochenta kilómetros por hora, veo por el rabillo del ojo que detrás, en el asiento del pasajero, hay un policía pegado al vidrio.

 ¡No lo mires! –grita Anna –¡es el policía! ¡no hagas contacto visual!

No hagas contacto visual. Jamás se me ocurriría una frase mejor para evitar el riesgo de ser detenido por una infracción de tráfico.

Debemos ser un buen bocado, una buena paga extra, un aguinaldo extraordinario para que el Playmobil que ignoré en la esquina haya parado un taxi para perseguirnos. No lo puedo creer.

Desacato a la autoridad, huida, la infracción de tránsito es lo de menos, no importa.

El taxi se pone delante de la Mitsu y comienza a frenar. Y nos obliga a frenar. El policía, pegado a la luneta trasera, balancea la cabeza como los muñecos que te miran con la lengua afuera cuando no puedes adelantar al coche que va delante. Pero este se mueve, hace señas frenéticas para que nos detengamos en el arcén, mientras dejamos atrás las últimas casas de Juliaca.

 Esto parece una película de Torrente –le digo a Anna.

 ¿Quién? No sé, yo no veo ningún policía. Delante sólo tenemos un taxi deteniéndose en el arcén de tierra, ¿no?

Entonces pego el volantazo, acelero y lo adelantamos. Por Dios, ¡qué bien responde el motor! El taxi se queda en los límites de la ciudad levantando una pequeña nube de polvo mientras nos alejamos.

Desacato a la autoridad, huida, infracción de tránsito y, encima, cachondeo.

Imagino al policía en el asiento trasero, preguntándose dónde quedó el respeto al uniforme, cuándo acabó la época en que los extranjeros agachaban la cabeza, ponían ojos de gatito desvalido y pasaban un billete verde dentro del pasaporte. Había perdido el número ganador de la lotería y, encima, o pagaba la carrera o le debía un favor al taxista.

Nosotros seguimos adelante sorprendiéndonos de nuestras reacciones. A veces lo que mejor funciona es lo que no tiene lógica, la respuesta inesperada, el quiebre de cintura imposible de Messi, la otra mano que Maradona llevaba oculta junto al pie izquierdo como un tumor benigno.

Hay cosas que uno jamás haría si se detuviera a pensarlas. Las consecuencias de saltar desde un puente atado a una cuerda, de mandar a la mierda a un jefe, de amanecer en una habitación desconocida, ignorar las leyes, cambiar de vida, salir de viaje.

Quizás ese sea el problema, pensamos demasiado.

17 Comments on “38- Huyendo de la policía (que nos persigue en un taxi) | PERÚ”

  1. Hola me he reído, tal cual historia del lejano oriente. Excelente relato y pienso q fue suerte e improvisación. Los vientos estaban a favor. Éxitos estamos en el plan deja el miedo a un lado y sal a recorrer el mundo. Mama-papa-hija-hijo y perro en kombi.

  2. Mira hijo de p…….. las leyes son para cumplirlas y no para que mal nacidos como tú vengan a violarlas, ademas expresate bien de su gente que seguro son mas inteligentes que tú mamaracho de m….da

  3. muy buena su historia una clasica de la policia peruana,vivi 10 años en noruega y cuando regresse a peru y me pase la luz roja la policia me paro, ahi la policia se acerco y me dijo , ya pues compadrito infraccion grave multa cara como es deja para la inka kola pero pasame la plata con tu brevete para no hacer roche , ahi yo pense estoy en peru !!!

  4. HOLA GENTE!

    JAAAAAAAAAAAAA, JAJAJAJAAAAAAAAAA REALMENTE GENIAL
    LEER EL RELATO ME HIZO REIR ASTA LAS LAGRIMAS. QUIEN ? QUIEN? HACERSE EL BOLUDO ESTA BUENO.

    ABRAZO DESDE BERNAL

  5. hola!! por fin entro a la web…me gusta mucho leer y informarme de lo que hacen tanto los buenos momentos como las malos. Ya me acabe el libro esta buenisimo! Haber cuando publican otro!
    Ayyy!! Con la historia de los policias yo no hubiera podido reaccionar! No me quiero imaginar la cara del policia q bueno! Al fin alc abo despues de 7 años de viaje seguro que pasaron cosas peores i aun faltan por pasar…
    En fin muchos saludos!!

    matias

  6. Hola a los dos,
    Me he reido mucho con las historias y sobretodo con la del tombo (policia) peruano;una cancion dice:…..esta es mi tierra,asi es mi peru……ya les conte que yo viajo mucho en mi camioneta por el Peru y tengo buenas anecdotas divertidas.
    El 3 de mayo me voy a la selva(ruta:Tarma-la Merced-Chanchamayo-Oxapampa-Pozuzo)hasta el 10,pocos dias y es porque aprovecho las vacaciones de mi hijo de 1 semana en el cole.
    Mi mama va para España a finales de mayo y ya le encargue el libro;ella estara en Madrid.
    Ojala vinieran a Lima y nos veamos,descansen en Huaraz(si todavia siguen alla) y sigan escribiendo con ese sentido del humor y cachondeo,saludos
    Angela

  7. Asi hay policias angustiados, que ven una placa de rodaje extranjera, y se dicen a si mismo “hoy como churrasco”, pero esta vez le salio el tiro por la culata, y le habra pagado al taxi aunque sea con algun favor. Pobre tombito con su casco blanco que parece un explorador dentro de la jungla africana.

    Quizas no haya sido un policia de transito, quizas era un pollicia de a pie(como los de la foto, aunque los de la foto son antimotines), y quizo dirigir los carros a ver si le sale “alguito”, creeme que de estos hay un monton, y no tienen como ponerte papeleta, pues no tienen talonario, y si se entercan en aplicarte una multa tienen que llevarte a la comisaria mas cercana.

    Los unicos que tienen talonario para aplicarte alguna papeleta son los que tienen su casco de heladero, y su chaleco con tiras reflectivas color verde, y que dice TRANSITO.

    Tambien tienes que verle el marbete donde diga su nombre, pero si lo ves que no lleva el marbete, es que tiene oscuras intenciones.

    La verdad que hay que emplear bastante psciologia para tratar con los policias peruanos, pero si la cosa se ponen dificiles, es mejor ir a la comisaria, y hablar con el comisario, o el oficial de turno, ellos al tener una preparacion mayor por lo general son mas compresibles, pq algunos suboficiales, cuando estan uniformados y con su revolver 38, se sienten la ultima cocacola del desierto.

  8. Ja, ja, quin fart de riure, mentres llegia l´incident no podia deixar de visualitzar-ho, la cara del poli en plan gosset al darrera del taxi…
    Pablo, no pares de escribir… por favor
    Anna,…. fotos, fotos.
    Saludos desde Ciutat Vella.

  9. jajaja..pero no van a negar que estuvo original siguiéndolos en un taxi,,,,
    ¿de que película se escapó?jajaja…
    m

  10. Mmmm… se nos acumularon historias de policías…
    Creo que si este nos persiguió en un taxi no fue por un exceso de celo por cumplir su deber… De ultima, anotaba la matricula de la furgo y nos ponia en busca y captura…

  11. Hombre, pero que caradura que sos! juar juar, como me reí al leer su “huida” cual? cual? nosotros? de que, de quien? como decimos aquí, ustedes como tíololo, bravo, esos tipos creen que por traer uniforme y estar parados ahí nomas ya son los todopoderosos, porque no controlaron esa marcha lenta que dejaron atras donde estaban entonces para agilizar la cosa ¡eh? donde, donde estaban? buena la tactica de “no hacer contacto visual” a mi me ha resultado tantas veces, he tenido a la patrulla emparejada con mi vehículo y nada que yo voy en lo mio y viendo al frente en lo que voy hombre! que el semáforo rojo de atrás, cual? yo? no, con permiso, hasta lueguito eh? suerte, mucha suerte, aqui los sigo, aqui los pienso, aqui oro por su bienestar, por su seguridad y adelante, ahi vamos. saludos.

  12. Efectos colaterales de su huída:
    1) El taxista se quedó sin cobrar, el policía no le pagó de su bolsillo.
    2) La próxima vez va a dirigir con los brazos abierto o a sentarse en una cómoda silla alta giratoria.

    3) Por fin el poli tuvo algo interesante que contar en la cena.
    4) Seguramente lo comentó en el trabajo y desató comentarios como “estos gringos se llevan todo por delante”, lo que va a originar sentimientos antimperialistas en toda la División Tránsito, que se esparcirán por el resto de la Fuerza con insospechadas derivaciones.

    En definitiva, Uds andan por el mundo haciendo quilombo y trayendo inestabilidad a la región….

    Dani

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