15 años después todavía seguimos en la ruta.

Gracias Turquía

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  •  A Ziya y Aziza Tankirulu y sus hermanas, vecinos del camping en Estambul, por su hospitalidad, sus comidas y los pantalones largos de su tienda Bianco, espantosos, última moda Europa del este.
  • Al guarda de la puerta de Aya Sofia en Istanbul, que al decir que éramos periodistas españoles dijo ‘Yo Galatasaray ja ja ja ja 2 a 1 al Real Madrid’ y nos dejó pasar. A los guardas de Topkapi por lo mismo, pero sin fútbol.
  • A Pinar Kilic y Can Comert de Pars/McCann Erickson Estambul, por su amabilidad y la copia de las fotos digitales a un CD.
  • Al panadero que nos regaló un pan en la carretera, a todos los que nos invitaron a un té y se ofendían si no aceptábamos, a la gente que nos cobra menos cuando paramos a comer en su puesto…
  • A Bahri Kashar, guardián del valle de Gomede, Capadocia, abuelito tierno de 49 años, con quien compartimos una semana de comidas, risas, búsqueda de oro y razzias en árboles frutales… Un verdadero arkadas turco.
  • A la gente del pueblo de Belice, costa del mar Negro, 15 casas que no aparecen en los mapas, por el desayuno en casa del imam, la comida en casa de uno, la cena en casa de otro, los dulces, las dos cintas con música tradicional turca, las uvas, los higos… nos cebaron durante tres días.
  • A Fener Mahallesi, Yahap y el Smoking Man del Star Oto Yikama Yaelama Servis de Rize, taller mecánico donde nos ayudaron a arreglar la furgoneta después del pequeño accidente, y por invitarnos a dormir a su casa justo la noche en que el Barça perdió 3 a 0 con el Besiktas.
  • Al abuelo Zigni, ermitaño de un valle entre Yusufeli y Kars, que apareció como un fantasma al anochecer y resultó ser un ángel.
  • A las niñas de 8, 9 o 10 años de la escuela de Ishan, que nos regalaron sus manzanitas del día y nos robaron el corazón.
  • A Orhan y Mehmet Resit Polat, kurdos de Dogubeyazit, por hacernos un lugar entre sus 12 hijos la misma noche en que nació el numero 13 de la familia.
  • A Bilal, único dueño de Bilal Reklam, en SanliUrfa, por su amistad, las horas pasadas frente a su ordenador y la caminata en busca de las cervezas, que no estaban a cinco minutos. Eso ya era Siria.

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