Gracias Namibia

  • A Walter Gerhard, abuelo mecánico de Tsumeb, por dejarnos dormir en su taller mientras arreglaba la Mitsu con cariño.
  • A Jacob, León, Oskar, Nel, el sheriff y el cura de Springbok, Sudáfrica, que nos emborracharon y nos dieron a probar kudu, la mejor carne asada que comimos jamás. Y todo, en otro fin del mundo, Kaokoland, con Angola a tiro de piedra.
  • A Paloma y Pedro de la Casa del Marino en Walvis Bay, por su enorme simpatía y su hospitalidad.

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